Tuesday, April 25, 2017

17 de abril

La mujer de mi vida
llora a veces y yo no siempre la entiendo.
La mujer de mi vida
me mira con ojos grandes y sinceros.
La mujer de mi vida
tiene los labios finos y rectos.
La mujer de mi vida
me regala sonrisas sin saberlo.
La mujer de mi vida
pesó al nacer dos kilos ochocientos.
La mujer de mi vida
tiene dos años menos
que el hombre de mi vida,
que la cuida con afecto.
Y así llenamos nuestra vida,
y así nos sentimos plenos.

Saturday, April 15, 2017

línea 34

Te miraba desde lejos; como el que reconoce a un viejo amigo y siente en el alma la forma de un abrazo que nadie supo llenar. Habías cambiado. Como yo. Como todos.
Te miraba con curiosidad, sin estar muy seguro de si serías tú o de si mi miopía me engañaba.
Te miraba y me preguntaba si tú me mirarías a mí.

Y me preguntaba si a tí también te doblaba la espalda el cansancio de jornadas infinitas frente a una pantalla, si seguirías escribiendo a escondidas y volverías andando a casa llenando tus oídos de canciones tristes.
Y me preguntaba si tú también disfrutarías de tardes de parques y pequeños llamándote con los brazos extendidos, de noches agotados y acurrucados bajo una manta en el sofá con la tele bajita para no despertarlos; de esa felicidad tan mayúscula que la juventud nos cegaba con brillos de falsos espejos.
Y me preguntaba si, como yo, habrías aprendido ya a querer más allá de aquel abominable “hoy” que siempre me produjo terror.
Y me preguntaba si acercarme, si mirarte a los ojos y preguntarte por primera vez “¿Qué tal?”.
Y me preguntaba si tú me reconocerías.
Y me preguntaba qué se puede decir a alguien a quien ya no quieres y que no se confunda con el rencor.
Y me preguntaba qué se puede preguntar a alguien que ya no eres.

Saturday, November 26, 2016

anuncio por palabras

Antena de TV busca buenas noticias que transmitir, ante la saturación sufrida por bombardeos, corrupción, hambre, atentados, incendios, desertización, cotilleos, terrorismo, contaminación, etc.

Por favor, sálvense a tiempo, corran y díganle a todas esas personas especiales lo especiales que son, o lo mucho que las quieren. Está claro que a mí me han prohibido hacerlo.


(León, otoño de 2006)

Friday, October 14, 2016

Vals para domingo y cocina

¿Dónde estoy? Parece que me quedé dormido. Parpadeo. Bostezo. Vuelvo a parpadear. Estoy en el salón, sobre el cojín grande. Ahí está Pato. Parece que no está muy hablador. ¿Qué es eso que suena? ¿Música? Sí, es música. Creo que conozco la canción.

Me levanto despacio; esto no es tan fácil como parece. Ruedo un poco. Apoyo las manos mientras estiro las piernas y me tambaleo un poco. Conseguido; ya estoy de pie. Doy el primer paso, que siempre es más complicado. Los demás vienen solos. Vaya, ¿esta planta siempre ha estado aquí? La rodeo un poco y me asomo a la puerta de donde sale música. Es la cocina.

Están los dos. Bailan despacio y abrazados. Sonrío y me siento para verles mejor. ¿Qué es esto? Ah, es mi pie. Lo cojo y vuelvo a mirarles. Siguen bailando. Sonrío de nuevo.La canción está acabando, así que empiezo a aplaudir. Es lo que se hace cuando algo te gusta, ¿no?

-Mira quien se ha despertado de la siesta.
-¡Peque!, ¿pero qué haces ahí sentado? Anda, cariño, ven a merendar.

Friday, April 01, 2016

01:35 am

Hace un par de horas que las calles están desiertas. Lejos quedan esas calles vestidas de viernes, música y bailes. El silencio, roto de vez en cuando por la tos quejicosa de un pequeñajo de poco más de un año, se ha ido adueñando de la casa.

Las ciudades grandes duermen en los barrios que las abrazan. Supongo que, como todos, buscan el consuelo y encuentran el descanso en la redondeada forma de proteger que tienen los brazos que son queridos. Por eso acepto, una vez más, mi derrota ante el papel en blanco. Apago las luces, y me dirijo sigiloso al dormitorio, a buscar tu abrazo entre las sábanas; mi cobijo.


Thursday, March 24, 2016

#4

Tú la nieve, yo la lluvia
(que corre sin esperar el frío para abrazar tus copos y colarnos juntos entre los ríos y los mares)

Tú el sol, yo la nube
(que se deshilacha para abrazarte y quedarme un poco para mí toda tu luz)

Tú los mayores, yo los menores
(que se entrelazan en bellas melodías que tarareamos arrullando a un pequeño trozo de cielo
De nieve y lluvia
De sol y nube
El mayor de los menores)

Saturday, December 12, 2015

adelante

Oigo el ruido de los coches al pasar por encima de los charcos. La calle está silenciosa, el aire es frío y yo sigo sin ser capaz de volver a casa. En algo menos de una hora la calle, estrecha y oscura, se inundará del ruido del camión de la basura. Y seguramente yo siga pensando a donde ir.

Tomo el volante con ambas manos y miro hacia el frente a través del cristal mojado. Ante mí, una tenue luz me ilumina el coche que está a continuación, y un poco más allá, solo hay oscuridad.

Pongo la radio. Suenan clásicos del rock en una de esas emisoras sin presentadores; solo música y anuncios. Todas las canciones me resultan familiares, pero no llego a identificar ninguna.

Mis manos vuelven a estar agarradas al volante y yo sigo pensando en escapar. En dejar atrás una ciudad enferma.

La luz anaranjada que preside el camión de la basura me ilumina por un momento. Oigo el ruido de contenedores que chocan entre ellos y contra la acera sin orden alguno.

Giro la llave y el motor resopla grave y cansado. No parece que pueda llegar muy lejos. En la parte de atrás se apilan mis pocas pertenencias. Pienso si el peso hace que el motor se queje algo más de lo normal.

Paro el motor. Pienso en volver a casa. No puedo volver a casa. Mi llave ya no puede abrir esa puerta, y un precinto la cruza formando una gran equis.

Miro por el retrovisor y veo las pocas cosas que me quedan; algunos libros, la figurita de arcilla que el pequeño Lucas hizo para mí en infantil; una maleta con toda mi ropa, un par de mantas. Ni siquiera tuve tiempo de recoger el resto de cosas. Quedaron dentro.

No solo se quedaron mis tardes haciendo horas extra que nunca cobraría, o mis sábanas, o mi casa entera. También es suyo este coche.

No me queda nada.

El color del cielo empieza a cambiar, y quisiera pensar que algo más podría cambiar hoy. Quizá no vengan a quitarme lo poco que me queda. O quizá ya no me puedan encontrar.

Giro de nuevo la llave; oigo ronronear al motor con algo más de brío que la vez anterior. Subo el volumen de la música y quito el freno de mano.

Avanzo sin rumbo, lejos, donde no puedan encontrarme ni quitarme nada más.

Avanzo, porque estamos aquí para seguir adelante.

Avanzo porque solo así no podrán quitarme nada más.