Alicia, me muñeca favorita, se ha roto...y me da un poco de miedo no volver a tener sus fotos de palabras ni sus frases de imágenes a mi lado, porque ella, Alicia, la maga, me enseñó a sacar del dolor una belleza impactante e inesperada; a mirar con otros ojos todos los objetos, porque Alicia, con su magia, me enseñó q el equilibrio quizá pueda ser posible, y espero que así sea.
Alicia me enseñó con su magia a leer a Bukowsky y a Fiztgerald, a hablar con el corazón en la boca, a dibujar con palabras aquello que antes no me atrevía...
Ojalá Alicia, mi muñeca favorita, se arregle pronto, y consiga volver a tener esa sonrisa que tanta magia nos daba en cada texto, en cada foto.
Gracias por todo lo que me has dado en cada uno de tus textos, y todo lo que, sin saberlo, me has enseñado.
martes, enero 31, 2006
miércoles, enero 25, 2006
el asesinato de René
Chloé estaba muy intranquila, nerviosa, no paraba de andar de un lado a otro de su camerino, si es que se podía llamar camerino a aquel cuchitril donde se cambiaba cada noche antes de su show en aquel sórdido club. Me esperaba, como se esperan las malas noticias, o los últimos visos de esperanza, me había dicho que tenía que hablar conmigo, que era importante, que quería contarme algo sobre unas perlas ensangrentadas. Al entrar me invitó a sentarme en su silla, y de pie ante mí. Al darse cuenta de su semidesnudez, se tapó recatada con un albornoz bastante gastado; era curioso ver tanto recato en una chica a la que veía desnuda bailando en el escenario de aquel club en el que yo trabajaba de camarero.
Rompió el silencio con una frase que me desgarró: "sé quien mató a René". Me quede blanco, mudo, impresionado. Hacía unos días habían matado a a René, la estrella del club, si es que en este oficio existen estrellas. Tras decirme esto se quedó mirándome, impasible, quieta, esperando mi reacción, que sólo fue un estúpido: "¿se lo has dicho a la policía?". Ella, lógicamente ni se lo había dicho, ni se lo diría; no la darían crédito, la tratarían a patadas y la arrestarían por ser una puta; también temía que la violaran. La pobre temblaba cargada de miedo. La abracé, aún sabiendo que si alguien nos vería sería el fin de nuestros trabajos. "Vámonos", me dijo.
Salimos a la calle, y subimos en mi viejo coche. Estuvimos dando vueltas sin rumbo mientras Chloé me lo contaba todo, yo estaba atónito. Me contó que estaba segura que a ella también le pasaría y que tenía miedo. Me pidió que la llevara a su casa, y allí nos despedimos, pues no quiso que me quedara.
Al día siguiente, escuché en la radio que habían asesinado a una puta, justo en la dirección de Chloé. Tres disparos la hicieron callar...
Ahora, yo viajo en mi coche sin rumbo, asustado, porque estoy seguro de que saben que yo conozco ese horrible secreto...y tengo miedo de que me encuentren...
play: "perlas enseangrentadas", en la versión de Deluxe+Sexy sadie, para el homenaje a Carlos Berlanga en el Contempopranea
Rompió el silencio con una frase que me desgarró: "sé quien mató a René". Me quede blanco, mudo, impresionado. Hacía unos días habían matado a a René, la estrella del club, si es que en este oficio existen estrellas. Tras decirme esto se quedó mirándome, impasible, quieta, esperando mi reacción, que sólo fue un estúpido: "¿se lo has dicho a la policía?". Ella, lógicamente ni se lo había dicho, ni se lo diría; no la darían crédito, la tratarían a patadas y la arrestarían por ser una puta; también temía que la violaran. La pobre temblaba cargada de miedo. La abracé, aún sabiendo que si alguien nos vería sería el fin de nuestros trabajos. "Vámonos", me dijo.
Salimos a la calle, y subimos en mi viejo coche. Estuvimos dando vueltas sin rumbo mientras Chloé me lo contaba todo, yo estaba atónito. Me contó que estaba segura que a ella también le pasaría y que tenía miedo. Me pidió que la llevara a su casa, y allí nos despedimos, pues no quiso que me quedara.
Al día siguiente, escuché en la radio que habían asesinado a una puta, justo en la dirección de Chloé. Tres disparos la hicieron callar...
Ahora, yo viajo en mi coche sin rumbo, asustado, porque estoy seguro de que saben que yo conozco ese horrible secreto...y tengo miedo de que me encuentren...
play: "perlas enseangrentadas", en la versión de Deluxe+Sexy sadie, para el homenaje a Carlos Berlanga en el Contempopranea
miércoles, enero 18, 2006
la chica de la bufanda de rayas
Paseaba por los pasillos de aquella biblioteca, tal y como solía hacer una vez cada semana. Le gustaba perderse entre historias ajenas, como aquellas que vivían encuadernadas sobre los estantes. Aunque aquel día, buscaba una historia de tacto, y no de cartón; así pues, salió de aquel edificio donde siempre te prestan empapelados sueños ajenos, camino de la estación. Paseaba lento, escondida tras su bufanda de rayas, canturreando bajito las canciones que anidaban en sus oidos, con ese miedo a ser escuchada que da la timidez (a pesar de tener una bonita voz).
Al llegar a la estación se sentó a esperar aquella historia que tanto ansiaba ese día. Escondida tras su bufanda de rayas, sus ojos, lindos y pequeños, y su mirada de chocolate seguían los paseos de los apresurados viajeros que andaban por allí, arrastrando grandes maletas, portando pequeños maletines, cargando mochilas, bolsos, bolsas de viaje...aunque ella, la chica de la bufanda de rayas, buscaba inconscientemente con sus ojos curiosos a un viajero que cargara una bandolera de pana negra, dentro de la cual palpitara un cuaderno naranja cargado de historias y secretos, como aquellos que ella guardaba con tanto mimo a este extraño viajero.
La chica de la bufanda de rayas esperaba a que aquel viajero apareciera pronto para besarla la frente, y dejar otro pequeño beso en su lunar de actriz, que asomaba tímido por encima de la bufanda; y poder tener su historia de tacto, paseando por su ciudad, mientras compartían la manzana que el había traido para ella.
play: "agosto esquimal", de Maga
Al llegar a la estación se sentó a esperar aquella historia que tanto ansiaba ese día. Escondida tras su bufanda de rayas, sus ojos, lindos y pequeños, y su mirada de chocolate seguían los paseos de los apresurados viajeros que andaban por allí, arrastrando grandes maletas, portando pequeños maletines, cargando mochilas, bolsos, bolsas de viaje...aunque ella, la chica de la bufanda de rayas, buscaba inconscientemente con sus ojos curiosos a un viajero que cargara una bandolera de pana negra, dentro de la cual palpitara un cuaderno naranja cargado de historias y secretos, como aquellos que ella guardaba con tanto mimo a este extraño viajero.
La chica de la bufanda de rayas esperaba a que aquel viajero apareciera pronto para besarla la frente, y dejar otro pequeño beso en su lunar de actriz, que asomaba tímido por encima de la bufanda; y poder tener su historia de tacto, paseando por su ciudad, mientras compartían la manzana que el había traido para ella.
play: "agosto esquimal", de Maga
martes, enero 17, 2006
el adiós de David
Llegué a esta ciudad cuando aún no tenía edad, y volví a ella nueve años más tarde. Ese mismo mes, llegué a aquel colegio. LLegué tarde, a pesar de mis esfuerzos por ser puntual aquel primer día de clase, y el chico de al lado de la puerta me ofreció el asiento de su lado. Desde ese momento, David y yo compartimos pupitre dos años, colegio 5 y pachangas, paseos, aventuras, secretos y todas esas cosas que da el ser los los mejores amigos, hasta hoy.
Hoy David se marcha, aunque no como hace un año, o cuatro meses, se marcha mucho más lejos y por más tiempo. Deseo que sea feliz en su isla, y poder ir a visitarle, aunque sé que desde hoy las noches de fin de semana serán más cortas y aburridas; las charlas en mi portal se desvanecerán; las tardes serán más largas y aburridas sin bajar al Capricho a echar la partida; ya no habrá fugaces y clandestinas escapadas en su coche; los partidos de baloncesto, no volverán a ser lo mismo; ni los líos con las niñas, y las no tan niñas;...
Buen viaje, amigo mío, y hasta pronto.
Hoy David se marcha, aunque no como hace un año, o cuatro meses, se marcha mucho más lejos y por más tiempo. Deseo que sea feliz en su isla, y poder ir a visitarle, aunque sé que desde hoy las noches de fin de semana serán más cortas y aburridas; las charlas en mi portal se desvanecerán; las tardes serán más largas y aburridas sin bajar al Capricho a echar la partida; ya no habrá fugaces y clandestinas escapadas en su coche; los partidos de baloncesto, no volverán a ser lo mismo; ni los líos con las niñas, y las no tan niñas;...
Buen viaje, amigo mío, y hasta pronto.
"adiós Norteña, olvidame" (para Vgrant)
Marlene se cansó. Se cansó de aquel sórdido cuarto del Huracán 72. Se cansó de no poder gritar para soltar toda su rabia (o, quizá, de no querer). Se cansó de las risas ajenas. Se cansó de tragar semen y su orgullo, el poco que le iba quedando cada día, perdiendolo por el bidé. Se cansó de su pizarra, a pesar de ser lo poco que le quedaba de su infancia de bruma y carbón; y fue en esta donde, asfixiada por la humillación y el orvallo, escribió sus últimas palabras.
Un mes más tarde, alguien la encontró ahorcada en su cuarto; ¿cómo se podían haber olvidado de la mudina durante tantos días?
play:"Hablando de Marlene", de Nacho Vegas
Un mes más tarde, alguien la encontró ahorcada en su cuarto; ¿cómo se podían haber olvidado de la mudina durante tantos días?
play:"Hablando de Marlene", de Nacho Vegas
jueves, enero 12, 2006
un regalo para Gaby
Aquel día de Reyes, Jack salía de casa a las 6 de la tarde, camino de aquel pequeño parque donde quedaba con Gaby, junto a los columpios. Como era habitual, Gaby, se retrasaba, pero Jack era consciente de que en su trabajo sin contrato y sin dignidad, tendría que trabajar también un día festivo com aquel, y como siempre, estar más tiempo de lo suspuesto. Como tantas otras veces Jack esperaba a Gaby columpiándose y canturreando, y como tantas otras veces, Gaby llegó antes de lo q Jack se imaginaba, y, agazapada detrás del columpio, donde Jack no pudiera verla, le miraba sonriendo, con los ojos puestos en su niño grande. Cuando Jack bajó del columpio, quizá habrían transcurrido dos minutos desde que llegó Gaby, la vio, y se sonrojó, pues no le gustaba que le espiaran cuando se sentía niño...aunque lo que más avergonzó a Jack fue ver que Gaby llevaba una bolsa enorme con un regalo dentro. Él no había comprado nada, por falta de tiempo, de dinero, y de ideas, y no le gustaba recibir algo a cambio de nada.
Jack se acercó un poco vacilante a Gaby, y la saludó con uno de sus besos fugaces, un leve roce en sus labios, y se quedó mirando la bolsa.
"Es para tí", dijo Gaby, tendiéndosela.
"Lo suponía...pero no tenías pq...además, yo no te he traido nada".
"Es igual, me apetecía regalarte algo, cógelo".
Jack cogió la bolsa, y sentados en el banco abrió el regalo, era un precioso osito de peluche. Jack sonreía y se lo agradeció con un nuevo beso, muy tierno. Fue en ese momento cuando Jack sintió la necesidad de darle a Gaby lo que ella más deseaba, que no era otra cosa que oir de sus labios un "te quiero", algo tan común, pero que solo dos personas habían oido de los labios de Jack, y de eso hacía tanto...así que jack se armó de valor, y pidió a Gaby que se levantara del banco, y anduviera unos pasos, para "darle una sorpresa", así que cuando ya estaba a una distancia de unos 7 pasos, la pidió q se parase y le mirara. Gaby se giró y vio a Jack subido encima del banco, de pie, mirándola a los ojos, y diciéndola sin hablar "te quiero", luego repitiéndolo un poco más alto "te quiero", y después gritándolo a los cuatro vientos "¡TE QUIERO!".
Gaby corrió a abrazarle sin dejarle bajar del banco, y mientras se escapaba una lágrima, le susurró lo suficientemente alto: "ha sido mi mejor regalo de Reyes".
play: "chicle cosmos", de la casa azul
Jack se acercó un poco vacilante a Gaby, y la saludó con uno de sus besos fugaces, un leve roce en sus labios, y se quedó mirando la bolsa.
"Es para tí", dijo Gaby, tendiéndosela.
"Lo suponía...pero no tenías pq...además, yo no te he traido nada".
"Es igual, me apetecía regalarte algo, cógelo".
Jack cogió la bolsa, y sentados en el banco abrió el regalo, era un precioso osito de peluche. Jack sonreía y se lo agradeció con un nuevo beso, muy tierno. Fue en ese momento cuando Jack sintió la necesidad de darle a Gaby lo que ella más deseaba, que no era otra cosa que oir de sus labios un "te quiero", algo tan común, pero que solo dos personas habían oido de los labios de Jack, y de eso hacía tanto...así que jack se armó de valor, y pidió a Gaby que se levantara del banco, y anduviera unos pasos, para "darle una sorpresa", así que cuando ya estaba a una distancia de unos 7 pasos, la pidió q se parase y le mirara. Gaby se giró y vio a Jack subido encima del banco, de pie, mirándola a los ojos, y diciéndola sin hablar "te quiero", luego repitiéndolo un poco más alto "te quiero", y después gritándolo a los cuatro vientos "¡TE QUIERO!".
Gaby corrió a abrazarle sin dejarle bajar del banco, y mientras se escapaba una lágrima, le susurró lo suficientemente alto: "ha sido mi mejor regalo de Reyes".
play: "chicle cosmos", de la casa azul
miércoles, enero 04, 2006
aquella mercería (para mi madre)
En aquel local, que hoy está cerrado, estaba aquella mercería. No recuerdo bien su nombre, pero sí su escaparate lleno de hilos, telas, esmaltes,… , aunque hoy solo tenga un cartel de “se alquila”. Me parecía tan grande entonces, cuando era pequeña, y hoy, ya ves, apenas es poco más que una de las ventanas de casa.
Recuerdo cuando, de pequeñas, mi amiga Milagritos y yo, rebuscábamos por casa, y a veces incluso en la basura, pequeños frascos, de los de las inyecciones o así, y los llevábamos para comprar esmalte. Entonces el esmalte se vendía al peso, y por una peseta, o tal vez algo menos, llenábamos aquellos frasquitos de esmalte, con el que luego nos pintábamos las uñas utilizando alguna plumilla de las gallinas. Éramos muy pequeñas, pero me acuerdo…¡qué bien lo pasábamos!
También recuerdo que en Navidades, cuando se acercaban los Reyes, siempre íbamos allí a mirar algo que pedirles, pues de aquella no había tele ni anuncios que nos llamasen la atención, y aquella mercería era, con diferencia, la tienda más llamativa del barrio. Recuerdo que la dueña, que no recuerdo como se llamaba (pero bueno, ya sabes lo desastre que soy para los nombres), siempre nos preguntaba si veíamos algo que nos gustara, y si se lo íbamos a pedir a los Reyes, y cuando la decíamos que sí, ella siempre nos contestaba: “cuando pasen por aquí, yo se lo diré”, nos decía, con una sonrisa en su boca. Qué paciencia tenía aquella mujer, aunque creo recordar que no tuvo nunca hijos, pero no estoy muy segura.
Hay que ver, hijo, lo mucho que han cambiado las cosas desde entonces…
Recuerdo cuando, de pequeñas, mi amiga Milagritos y yo, rebuscábamos por casa, y a veces incluso en la basura, pequeños frascos, de los de las inyecciones o así, y los llevábamos para comprar esmalte. Entonces el esmalte se vendía al peso, y por una peseta, o tal vez algo menos, llenábamos aquellos frasquitos de esmalte, con el que luego nos pintábamos las uñas utilizando alguna plumilla de las gallinas. Éramos muy pequeñas, pero me acuerdo…¡qué bien lo pasábamos!
También recuerdo que en Navidades, cuando se acercaban los Reyes, siempre íbamos allí a mirar algo que pedirles, pues de aquella no había tele ni anuncios que nos llamasen la atención, y aquella mercería era, con diferencia, la tienda más llamativa del barrio. Recuerdo que la dueña, que no recuerdo como se llamaba (pero bueno, ya sabes lo desastre que soy para los nombres), siempre nos preguntaba si veíamos algo que nos gustara, y si se lo íbamos a pedir a los Reyes, y cuando la decíamos que sí, ella siempre nos contestaba: “cuando pasen por aquí, yo se lo diré”, nos decía, con una sonrisa en su boca. Qué paciencia tenía aquella mujer, aunque creo recordar que no tuvo nunca hijos, pero no estoy muy segura.
Hay que ver, hijo, lo mucho que han cambiado las cosas desde entonces…
Suscribirse a:
Entradas (Atom)