Te extrañaba…
…a pesar de que la distancia entre tu casa y la mía nunca superase los 10 minutos; a pesar de que nunca pasaran más de tres días sin vernos; a pesar de que cada día de los últimos doce años comieramos juntos; a pesar de todo, te extrañaba.
Te adoraba…
…aún sabiendo de memoria todas y cada una de tus manías; aún viendo cada mañana tus ojos semicerrados, tu gris ropa de diario, los pequeños restos de dentífrico de la comisura de tus laios, o tu pelo desordenado; aún así, te adoraba.
Te quería…
…aunque tú nunca llegaras a a saberlo; aunque todo el cariño que te daba no pasara de un par de besos formales cuando coincidíamos fuera del trabajo; aunque mis manos ni tan siquiera te llegaran a rozar; aunque nunca nos encontrásemos más allá de mis sueños, te quería.
(pero es que, para extrañarte, para adorarte, para, en resumen, quererte, nunca me hiciste falta)
viernes, mayo 25, 2007
viernes, mayo 18, 2007
sin que sepas de mí
Podría volver a odiarte una y mil veces más, cuando, tonto de mí, releo aquellas cartas; cuando, entre tus letras, entre tu caligrafía menuda y nerviosa, encontraba dos palabras; esas dos palabras que yo tanto ansiaba, y que tú rematabas a bocajarro con un “hoy”, poniendome contra las cuerdas.
Podría volver a maldecirte una y otra vez cada vez que, a solas, disfrutando de ser mi propia víctima, ojeo tus fotos, y mis ganas se pierden por tu sonrisa, tu pelo, tus ojos, tu escote o cualquier otro sitio donde un día se perdieron mis manos o mis labios, al amarnos.
Podría buscar mil excusas para odiarte o maldecirte, pero, la verdad, es que el único motivo fue tu sinceridad, y tu valentía de reconocer que todos podemos querer hoy, pero quizá no mañana, porque mañana nadie sabe lo que va a pasar; nadie puede saberlo.
Podría volver a maldecirte una y otra vez cada vez que, a solas, disfrutando de ser mi propia víctima, ojeo tus fotos, y mis ganas se pierden por tu sonrisa, tu pelo, tus ojos, tu escote o cualquier otro sitio donde un día se perdieron mis manos o mis labios, al amarnos.
Podría buscar mil excusas para odiarte o maldecirte, pero, la verdad, es que el único motivo fue tu sinceridad, y tu valentía de reconocer que todos podemos querer hoy, pero quizá no mañana, porque mañana nadie sabe lo que va a pasar; nadie puede saberlo.
sábado, mayo 12, 2007
berlín interior
“Podría escribir los versos más tristes esta noche…”
podría escribir por ejemplo que el chico tenía razón en su silabar, que no te puedo hacer feliz
podría escribir por ejemplo que la distancia mata, pero un año después, aún no he podido borrar tus palabras ni tu huella
podría escribir que sólo quedó el añil, y que de vez en cuando te pienso en él, con un buenas noches de humedad
podría escribir que me lloraron los ojos el día que frunciste los labios en un país vecino, el mismo día que yo cantaba besos de gnomo para ti
podría, incluso, escribir, por ejemplo, que me refugié en otros muchos tactos, pero nunca encontré entre las sábanas lo que ni los kilómetros pudieron arrebatarnos
podría, también, escribir, por ejemplo, que antes de ayer, te quería; que ayer, no sabía si hoy te querría…o no, porque eso, nadie lo sabe
puedo escribir, por primera vez de verdad, que ya no te quiero
(…pero, ya ves, sobreviví”)
podría escribir por ejemplo que el chico tenía razón en su silabar, que no te puedo hacer feliz
podría escribir por ejemplo que la distancia mata, pero un año después, aún no he podido borrar tus palabras ni tu huella
podría escribir que sólo quedó el añil, y que de vez en cuando te pienso en él, con un buenas noches de humedad
podría escribir que me lloraron los ojos el día que frunciste los labios en un país vecino, el mismo día que yo cantaba besos de gnomo para ti
podría, incluso, escribir, por ejemplo, que me refugié en otros muchos tactos, pero nunca encontré entre las sábanas lo que ni los kilómetros pudieron arrebatarnos
podría, también, escribir, por ejemplo, que antes de ayer, te quería; que ayer, no sabía si hoy te querría…o no, porque eso, nadie lo sabe
puedo escribir, por primera vez de verdad, que ya no te quiero
(…pero, ya ves, sobreviví”)
"berlín interior" (la habitación cerrada), 31 de marzo de 2007
domingo, mayo 06, 2007
primer domingo de mayo
Llegó a casa a las 6 de la tarde; cansado. A pesar de ser domingo, tuvo que pasarse toda la mañana trabajando. No odiaba su trabajo. Tampoco le encantaba. Únicamente le mantenía ocupado más horas de las firmadas y mal que bien le llegaba para él.
Abrió la puerta de la casa, su casa; la única casa que recordaba como suya. Y, como siempre, estaba desierta; no, como siempre no, estaba mucho más desierta que cualquier otro día del año; siempre pasaba así. Todos los años, el primer domingo de mayo era sí.
Era tan triste echarla de menos.
Se sentó en el sofá del salón, y tomo la foto de la mesa de centro donde estaban ellos dos juntos. Ella le abrazaba como sólo ellas saben y pueden abrazar, con ese cariño y esa comprensión de quien te dio la vida y la daría por ti. Miró el reloj, y se levanto cuidadoso. Salió al balcón, y miró las plantas que tenía allí. Pensó en cortar las flores más bonitas y hacer un ramo, pero no quería regalar algo muerto. Así pues, tomo el geranio más hermoso, aquel que tenía el color de su pelo en los pétalos; un hermoso geranio rojo. Cogió la chaqueta y bajo a la calle, camino del cementerio. Después de todo, era su día, y él quería llevarle su regalo.
Siempre quiso ser un buen hijo, aunque no fuera tan fuerte como para guardarse algunas lágrimas, pero, era tan triste echarla de menos.
(a mi madre, por la vida, por todo)
Abrió la puerta de la casa, su casa; la única casa que recordaba como suya. Y, como siempre, estaba desierta; no, como siempre no, estaba mucho más desierta que cualquier otro día del año; siempre pasaba así. Todos los años, el primer domingo de mayo era sí.
Era tan triste echarla de menos.
Se sentó en el sofá del salón, y tomo la foto de la mesa de centro donde estaban ellos dos juntos. Ella le abrazaba como sólo ellas saben y pueden abrazar, con ese cariño y esa comprensión de quien te dio la vida y la daría por ti. Miró el reloj, y se levanto cuidadoso. Salió al balcón, y miró las plantas que tenía allí. Pensó en cortar las flores más bonitas y hacer un ramo, pero no quería regalar algo muerto. Así pues, tomo el geranio más hermoso, aquel que tenía el color de su pelo en los pétalos; un hermoso geranio rojo. Cogió la chaqueta y bajo a la calle, camino del cementerio. Después de todo, era su día, y él quería llevarle su regalo.
Siempre quiso ser un buen hijo, aunque no fuera tan fuerte como para guardarse algunas lágrimas, pero, era tan triste echarla de menos.
(a mi madre, por la vida, por todo)
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