A tientas y a ciegas descolgó el auricular del teléfono que descansaba en su mesita, y con voz pastosa y lengua aún revuelta entre el sabor de boca de semen, humo y alcohol que habían llenado la noche anterior, dijo: "¿si?"
Nadie contestaba al otro lado del auricular...pero ella sabía quien era...
Pronto bortaron de sus ojos lágrimas como fines cristales abriendo en su cara viejas heridas...
"adios mamá, ... feliz navidad".
(sábado, 25 de diciembre del 2004)