A veces me encuentro por la calle con alguno de esos ancianos que caminan con pasos cortos, con hombros cargados y las manos, temblorosas y un poco sudorosas, en los bolsillos, siempre muy abrigados y asustados. Me pregunto si sus pasos y los míos irán al mismo lugar. Me aturde la idea, y siempre acabo acelarando mi paso y dejando atrás a ese anciano, abrigado y temeroso, con sus manos temblorosas en los bolsillos y los hombros cargados, que caminan con pasos cortos, porque el médico les manda pasear para la tensión; que caminan asustados y aturdidos de todo lo que ha cambiado todo lo que les rodea.
Luego, cuando ya me pierdo de su vista, y encuentro la mía reflejada en el cristal de un escaparate cualquiera, siempre encuentro su temor anidado en mis ojos, ese temor de anciano cansado, de abrigo largo, de hombros cargados y manos temblorosas en los bolsillos, de pasos cortos.
sábado, noviembre 27, 2004
viernes, noviembre 19, 2004
un sombrero italiano de invierno (niña de biblioteca)
Tú estabas sentada una mesa más allá, con tu trenka de pana azul a tu lado, en otra silla; con tu pelo cobrizo recogido y un precioso sombrero azul, no recuerdo de qué marca, pero sí que era italiano. Parecías tan distante a todo lo que te rodeaba en aquella sala de lectura infantil de la biblioteca pública, mientras leías "El Principito", y esperabas que mamá te viniera a recoger después del trabajo.
Eras una niña, pero una niña preciosa, y yo un crío de 13 años, tantos, o, quizá, uno más que tú. Hiciste que me olvidara por completo de mi trabajo sobre los delfines para clase de Ciencias. Por primera vez, me hiciste despegar del suelo y tener una pequeña sonrisa en los labios, la misma que tengo ahora al recordar que, de niño, una vez y en una biblioteca, me enamoré. Por mi cabeza la única idea que pasaba era poder decirte "hola", o cualquier otra cosa; pero me parecía imposible. Tú, ahí, tan maravillosa, tan linda, leyendo placenteramente uno de los que, seguro, hoy está entre tus libros de cabecera; y yo, allí sentado, solo, enfrascado en un trabajo, con mi viejo chándal y la camiseta del campamento al que había asistido el verano anterior. Tan lejos de toda tu belleza.
Cuando tu madre vino a buscarte, te levantaste, y te diste la vuelta para poder llevar aquel libro a su lugar, en la estantería que estaba detrás de mí. Fue entonces cuando me miraste. Quedé petrificado, con la vista perdida, en ningún sitio. Sé que antes de irte miraste, breve, fugaz, como una estrella, de nuevo hacia mí; debió ser por lo rojo que me puse, no lo sé. Sólo sé que, en aquel momento, habría firmado porque tú y tus ojos verdes fueran lo único que llenara mi vida...aquellos ojos verdes que, hoy sé, nunca podré besar.
Eras una niña, pero una niña preciosa, y yo un crío de 13 años, tantos, o, quizá, uno más que tú. Hiciste que me olvidara por completo de mi trabajo sobre los delfines para clase de Ciencias. Por primera vez, me hiciste despegar del suelo y tener una pequeña sonrisa en los labios, la misma que tengo ahora al recordar que, de niño, una vez y en una biblioteca, me enamoré. Por mi cabeza la única idea que pasaba era poder decirte "hola", o cualquier otra cosa; pero me parecía imposible. Tú, ahí, tan maravillosa, tan linda, leyendo placenteramente uno de los que, seguro, hoy está entre tus libros de cabecera; y yo, allí sentado, solo, enfrascado en un trabajo, con mi viejo chándal y la camiseta del campamento al que había asistido el verano anterior. Tan lejos de toda tu belleza.
Cuando tu madre vino a buscarte, te levantaste, y te diste la vuelta para poder llevar aquel libro a su lugar, en la estantería que estaba detrás de mí. Fue entonces cuando me miraste. Quedé petrificado, con la vista perdida, en ningún sitio. Sé que antes de irte miraste, breve, fugaz, como una estrella, de nuevo hacia mí; debió ser por lo rojo que me puse, no lo sé. Sólo sé que, en aquel momento, habría firmado porque tú y tus ojos verdes fueran lo único que llenara mi vida...aquellos ojos verdes que, hoy sé, nunca podré besar.
domingo, noviembre 14, 2004
el regalo de Silvia
(domingo, 14 de noviembre de 2004, 00:55)
Acabo de ver esta película, “El regalo de Silvia”. Tenía muchas ganas de verla, la verdad. Es curioso lo mucho que podemos aprender a veces de una simple tarde con amigos, de una película, de una vuelta a aquel pequeño café y una charla sobre todo, o sobre nada, quién sabe, con esos amigos…
Creo que el regalo que Silvia me ha hecho a mí, al ver esta película, al compartir esta historia en la soledad de mi habitación, conmigo, con mi intimidad, ha sido el ver que, después de todo, mi tristeza, esa que tantas veces me ha atenazado, que me ha cubierto de tantos adioses, seguramente sea algo pasajero, caduco, como esas hojas que hoy cubren el suelo del parque donde corrí de niño, a donde quisiera llevarte para que fueses partícipe de cómo crecí, de quien fui, …supongo que la nostalgia sigue durmiendo a mi lado ocupando ese lado de mi cama que desde hace una semana te tengo reservado… creo que Silvia me ha regalado la certeza de que he dado un paso más en este camino hacia mi felicidad…y me alegra que ahora sea tu mano la que toma la mía, que seas tú quien me acompaña en este tramo…gracias mi dulce…
Acabo de ver esta película, “El regalo de Silvia”. Tenía muchas ganas de verla, la verdad. Es curioso lo mucho que podemos aprender a veces de una simple tarde con amigos, de una película, de una vuelta a aquel pequeño café y una charla sobre todo, o sobre nada, quién sabe, con esos amigos…
Creo que el regalo que Silvia me ha hecho a mí, al ver esta película, al compartir esta historia en la soledad de mi habitación, conmigo, con mi intimidad, ha sido el ver que, después de todo, mi tristeza, esa que tantas veces me ha atenazado, que me ha cubierto de tantos adioses, seguramente sea algo pasajero, caduco, como esas hojas que hoy cubren el suelo del parque donde corrí de niño, a donde quisiera llevarte para que fueses partícipe de cómo crecí, de quien fui, …supongo que la nostalgia sigue durmiendo a mi lado ocupando ese lado de mi cama que desde hace una semana te tengo reservado… creo que Silvia me ha regalado la certeza de que he dado un paso más en este camino hacia mi felicidad…y me alegra que ahora sea tu mano la que toma la mía, que seas tú quien me acompaña en este tramo…gracias mi dulce…
jueves, noviembre 11, 2004
el día que 200 fotógrafos vinieron a verme
pasear de la mano de alguien, y en la correa un ser tan adorable como aquel trienio de pelos y juegos bajo el sol de invierno, eclipsa muchas veces mis tristezas...ya no voy a llorar por mi pasado...sonreiré
lunes, noviembre 08, 2004
like a bird... (pequeño homenaje a L. Cohen)
sentado en la ingravidez de aquel cable, veo pasar los aviones, los coches y las nubes q fueron llevando mi infancia por los caminos de un mundo que no supo entender que sin alas un ángel no puede echar a volar...en el fondo, todos seguimos las huellas de ícaro, y, después de todo, todos estamos condenados a caer...
sábado, noviembre 06, 2004
cuando fuimos los mejores (para los que ya no están)
Paseaba solitario por aquellas calles llenas de pequeñas casa unifamiliares que le habían visto crecer, por donde corría con sus amigos, por donde había escrito su nombre, por donde había huido, por donde había amado…
Paseaba recordando tiempos mejores, aquellos en los que el tiempo corría al tiempo que él marcaba, cuando era un pequeño dios, perdedor de los buenos tiempos, de aquellos tiempos, de los viejos tiempos…
Paseaba recordando tiempos mejores, aquellos en los que el tiempo corría al tiempo que él marcaba, cuando era un pequeño dios, perdedor de los buenos tiempos, de aquellos tiempos, de los viejos tiempos…
la última llamada (para...quien no lo podrá leer)
-…si estás aquí, podríamos quedar, tomar algo, un café, o así, hablar…
-sí, quizá, no sé, bueno, tú tranquilo, yo te volveré a llamar, me alegro de volver a saber de ti.
-y yo de saber de ti.
-nos vemos, un beso.
-chao.
-chao.
Comencé a pasear nada más guardé el móvil en el bolsillo. Paseaba sin dirigir mis pasos, sin pensar donde me llevaban, sin saber muy bien a donde, iba, todo había cambiado tanto. Hacía tiempo que nadie de la vieja guardia daba señales de vida, todos habían ido encontrando su sitio, haciendo sus cosas, cumpliendo sus planes y proyectos, todos… ¿todos?, menos yo, claro.
Sin darme cuenta, y como casi inconscientemente en mi paseo, llegué al principio del viejo barrio. Antes aquella carretera pasaba al lado de unos solares, y en su borde nacían malvas, amapolas, flores de santabárbara y cicuta, y recordé que, de pequeños te regalaba ramilletes de cicuta, porque el blanco era tu color favorito. Sin saberlo siempre te fui regalando veneno, sin saberlo, te fui envenando tanto que tuviste que acabar yéndote para no morir envenenada por mí,, por todos mis fracasos, mis errores, todas aquellas cosas que me habían llevado a la nada, a ser nada, a rendirme…
Aquella tarde, sabía que tú no me volverías a llamar, que había pasado demasiado tiempo, que alguien ya había encendido la luz....
-sí, quizá, no sé, bueno, tú tranquilo, yo te volveré a llamar, me alegro de volver a saber de ti.
-y yo de saber de ti.
-nos vemos, un beso.
-chao.
-chao.
Comencé a pasear nada más guardé el móvil en el bolsillo. Paseaba sin dirigir mis pasos, sin pensar donde me llevaban, sin saber muy bien a donde, iba, todo había cambiado tanto. Hacía tiempo que nadie de la vieja guardia daba señales de vida, todos habían ido encontrando su sitio, haciendo sus cosas, cumpliendo sus planes y proyectos, todos… ¿todos?, menos yo, claro.
Sin darme cuenta, y como casi inconscientemente en mi paseo, llegué al principio del viejo barrio. Antes aquella carretera pasaba al lado de unos solares, y en su borde nacían malvas, amapolas, flores de santabárbara y cicuta, y recordé que, de pequeños te regalaba ramilletes de cicuta, porque el blanco era tu color favorito. Sin saberlo siempre te fui regalando veneno, sin saberlo, te fui envenando tanto que tuviste que acabar yéndote para no morir envenenada por mí,, por todos mis fracasos, mis errores, todas aquellas cosas que me habían llevado a la nada, a ser nada, a rendirme…
Aquella tarde, sabía que tú no me volverías a llamar, que había pasado demasiado tiempo, que alguien ya había encendido la luz....
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