jueves, diciembre 30, 2004

10.000

Podía haber sido cualquier otro día, cualquier otra cosa, pero... fue justo aquel día, y fue exactamente aquella llamada por teléfono lo que tuvo que despertarle aquella fría mañana de sábado.

A tientas y a ciegas descolgó el auricular del teléfono que descansaba en su mesita, y con voz pastosa y lengua aún revuelta entre el sabor de boca de semen, humo y alcohol que habían llenado la noche anterior, dijo: "¿si?"

Nadie contestaba al otro lado del auricular...pero ella sabía quien era...

Pronto bortaron de sus ojos lágrimas como fines cristales abriendo en su cara viejas heridas...

"adios mamá, ... feliz navidad".

(sábado, 25 de diciembre del 2004)

lunes, diciembre 20, 2004

tokyo ya no nos quiere

Necesito un abrazo. Me pesa un abrazo. No necesito que hoy me abraces (aunque tampoco me vendría mal), necesito darlo...necesito saber que estoy ahí cuando mi mejor amigo me necesita, que la vida, cruel y maldita zorra que engaña con artimañas de pantomima, no podrá con nosotros, con nuestros sueños, nuestras ilusiones, todo aquello que amasamos juntos desde los nueve años y que compartimos entre risas, futbolines, amigos, pachangas, chicas, noches, cafés, cartas, portales, confidencias, ...

Quizá el día de mañana encuentren la droga que nos haga olvidar todo aquello que nos hunde, pero...como huir de la tristeza?

(lunes 20 de diciembre, en memoria de Carlos Torices)

Pablo.

domingo, diciembre 19, 2004

mi tristeza...

...y vestido de lágrima, me cubrí con un abrigo de alambre de espino para no dejarme abrazar...mas tú escribiste "te quiero" en mi piel a contrapelo, y me trasladaste a la dulzura del dormitar de anoche...gracias por devolverme a la tierra y no soltar mi mano

lunes, diciembre 13, 2004

una mañana

Despertar con los labios cubiertos de miel...un baño en dulces de leche...y susurros...y algún que otro grito...despertar con el tiempo justo de hacer la comida, y acudir corriendo a mi ventana para verte camino de casa, con tu andar coqueto, dando apresurados pasos...

martes, diciembre 07, 2004

de la estación a san claudio...

He seguido pasos ya conocidos hasta aquí, andando como lo hace un niño cuando pisotea hormigas; con la misma inocencia. He buscado mi refugio en el gélido abrazo de aquella pequeña estación, donde hoy apenas hay nadie esperando ese tren, apenas pían pájaros, y el frío del pasado verano me hiela por dentro.

He retomado pasos marcados por mis más recientes huellas, camino del más dulce de los abrazos, para despertarte tornada en sonrisas, para dibujarte un sueño en el q poder refugiarnos. Y he vuelto a sonreir.

domingo, diciembre 05, 2004

esperando un milagro...

Quizá el mundo esperaba a que se levantase del sofá, se quitase el sucio y desgastado pijama, se asease, y lo salvara...pero Él está cansado; son demasiados años, y está demasiado viejo. Ahora, cada vez que empieza el telediario, cambia de canal, aturdido; y se queda mirando anuncios, hasta que, sin darse cuenta, está dormido en el sofá. Y, cuando despierta, solo queda la carta de ajuste...solo ha pasado un día más.

sábado, diciembre 04, 2004

la última hoja del otoño

Paseaba por aquella fría y gris calle, pensando en demasiadas cosas a un mismo tiempo, y en ninguna a la vez. Hacía frío, no solo era la frialdad de aquella calle lo que me atería, sino también el frío que venía empañado y empujado hasta mis huesos por la humedad de aquella niebla que todo teñía de gris, escondiéndolo de mi mirada.
Las calles estaban desiertas a pesar de ser tan solo las ocho y media de la tarde, quizá hacía demasiado frío para salir o el partido del plus era demasiado interesante como para dedicarse a pasear, cansado, en busca de hojas secas, recuerdos, y la llegada de un tren a una pequeña estación. Seguí paseando hasta llegar al barrio; pasé junto al parque que años atrás me vio crecer, aprender a andar en bicicleta, a bailar una peonza, allí donde todavía en las tardes de lluvia como la de hoy, de fina lluvia entre la niebla, olvidaba al volver corriendo a casa en aquellos mismos charcos mis chapas, con las caras de Perico Delgado, Anselmo Fuertes, Álvaro Pino, y mi favorito, Cubino, en aquel pequeño circuito trazado con tiza; donde perdí tantas canicas en un hoyo en la arena, cerca de los columpios, aquellas pequeñas catapultas que siempre pensé que, algún día, me a harían llegar a las estrellas, y alcanzar, o al menos rozar, una de ellas.

Había vuelto aquí quizá en busca de lo que en estos momentos encontraba, nostalgia. Había pasado demasiado tiempo desde entonces, había crecido tan deprisa, y tenía aún tantos miedos, tantas cosas que callé, tantas que no quise guardar, tantas cosas… Empezó entonces a soplar el viento, arrastrando tras de sí las hojas de los castaños que flanqueaban los caminos del parque, caían en una densa y momentánea lluvia, en la que cada segundo transcurría un segundo más despacio, tan solo eso, un segundo más.