martes, septiembre 27, 2005

el beso más dulce

El beso más dulce es ese que se queda, asomado en el borde de mis labios, mirando desde una pequeña distancia los tuyos, con su pequeña marca de vampira, ansiándolo y ansiándolos.

El beso más dulce es ese que se duerme en mi boca, y se extingue antes de llegar a nacer, cuando estoy acurrucado en tu abrazo de amiga.

El beso más dulce es ese que me prometo que te voy a dar mañana, y que pronto, será mañana...pero mañana nunca es el día siguiente.

El beso más dulces es el que sigo esperando, ese que me de de nuevo la bienvenida, pues ya habremos crecido lo suficiente y habremos aprendido a ser felices de nuevo de la mano.

El beso más dulce...será sin duda el más goloso...

viernes, septiembre 23, 2005

cita en hawaii

Marta se encontraba sentada en aquella mesa, la de siempre, en el Hawaii. Marta estaba empapada por la lluvia que caía al otro lado del cristal. Después de todo, era otoño. Marta se quedó mirando a Héctor cuando éste se sentó, y la tomó las manos. Aquellas manos frías, que quedaron quedas bajo las de él. Marta estaba callada ante su té, y Héctor la miraba mientras excusaba su retraso. Intentando arreglarlo, Héctor quiso rozar sus labios con los de ella, pero los labios de Marta se volvieron, y Héctor, un poco desconcertado, miró los cuadros de la pared.

Héctor aún no veía que Marta intentaba decirle adiós en su silencio. Marta temía mirarle a los ojos y ver que aún le quería, y que él la correspondía. Pero ella no podía más, y sabía que él tampoco. Héctor se percató del motivo del frío de las manos de Marta, y se levantó camino de la puerta, desde donde la miró por un segundo. Héctor vio la última lágrima de Marta. Marta vio la primera lágrima de Héctor.

Yo nunca les he vuelto a ver por el Hawaii.

play: "cita en hawaii", de La Modé, en versión de La Habitación Roja

martes, septiembre 13, 2005

diez días en australia

Me vine a Sydney porque alguien me contó que, aquí, las lágrimas caían hacía arriba, y nunca más se encharcarían en mis ojos, callendo hacia adentro, lento, erosionando con su gota a gota mi oxidado corazón, hurtándome el aire del pecho, con su gota a gota hasta llegar a ahogarme.

Alguien me contó que el cielo aquí es distinto, porque está cargado de lágrimas, y que por eso los canguros saltan, porque quieren beber de ese elixir de eterna juventud. Si cada lágrima del cielo azul del día de Australia, son las estrellas de otras noches, ¿por qué en mi pecho aún hay tanta agua?

viernes, septiembre 09, 2005

en un cajón

En un cajón dormitan perdidas aquellas cartas para olvidar, que Vero nunca llegó a leer. O aquella otra que David escribió para Paula y que me dio para dársela a Laura, y que ella se la diera a Paula. O la hoja de ruta de aquel viaje de estudios a Italia, con Judith y Sexy Sadie, con el Sr. Nadie. O todos aquellos poemas escritos a medias con Pablo. O las notas que nos pasábamos en clase María y yo. O todos mis intentos de novela. O tantas, tantas cosas...que parece que no quieran que se acabe de marchar mi adolescencia.

jueves, septiembre 01, 2005

el regalo de Alma

De aquel viejo usurero de la calle del Comandante Zorita aprendió tres cosas:

la primera fue que ningún hombre es lo que parece,

la segunda, que en un negocio, no se fía,

y la tercera, y más dolorosa, qu el cariño no vale nada.

Eso fue lo que aprendió Gabi el día que fue a empeñar su bicicleta, con la esperanza de poder comprarle algo bonito a Alma.