viernes, abril 28, 2006

platos rotos

Después de destrozar tu último plato contra el suelo, me gritaste a los ojos todo tu odio, toda tu rabia.

Lo que mal empieza, mal acaba.

Recuerdo ahora, con la mirada perdida entre los pedazos y las baldosas de tu cocina, como nos conocimos. Eran las cuatro y veinte de la mañana de una noche de un viernes para un sábado, y ni tú, ni mucho menos yo, estábamos para frases hechas, ni para juegos. “¿Prefieres hablar o follar?”. Tu respuesta fue tomarme del brazo y llevarme a los baños de aquel pub. Sexo con olor a desinfectante y humedad. Nos enganchamos el uno del otro, adictos a nuestros sexos inchados y palpitantes, al sabor a sal y sudor de nuestras pieles.

Lo que mal empieza, mal acaba.

Después de destrozar tu vajilla y gritarme tu ira, te fuiste a la cama, pidiéndome que me fuera, por ti, por mí, por los vecinos, por Dios. “Vete”.

Salí de tu casa sin rumbo. Deambulando por calles y bares, hasta agotar mi dinero y mis fuerzas. No hicieron falta más de unas horas. Una vez más, volví a tu casa, roto y sin nada más que tú. Y a ti, hacía tiempo que te había perdido.

Aún estabas en la cama cuando entré en la habitación, aparentemente dormida bajo las sábanas, desnuda y frágil, como un ángel maldito. Me desnudé, y me tumbé a tu lado, enfrentando las espaldas. No soporté mucho tiempo a tu lado, así, quieto. Víctima de esa tristeza contagiosa, me levanté y me fui a la cocina.

Ahora, sentado, desnudo en tu cocina, con la mirada perdida entre pedazos y baldosas, te recuerdo. Recuerdo también que una vez llegué a amarte; cuando aún temblaba al verte desnuda.

Como alguien ya dijo, lo que mal empieza, mal acaba.


play: "recuerdo", de piratas

martes, abril 25, 2006

el adiós salvaje

Dos diás después de tu adiós, y con el valor suficiente reunido, decidí volver a llamarla. Hacía ya un tiempo que no la veía, desde poco después de empezar contigo. Y más que no la besaba; desde que te conocí.

La pasé a buscar por su casa y paseamos. Paseábamos en silencio, bajo un cielo plomizo que, al ir llegando la noche, se tornaba violáceo. Paseábamos arropados por los cierzos de Marzo, que nos hacían encogernos a cada uno debajo de su abrigo, helándonos casi tanto como el silencio.

Al fin, conseguí hablar; lo hice para contarle que tú te habías ido, que asumías todas las culpas de ese adiós, que no fue suficiente con querernos, que huiste por miedo a hacerme daño. Que no dejaste culpa que cargar.

Ella me escuchó en silencio, y sólo me dijo, al final de mis palabras, que era normal, que soy demasiado tierno para odiarme; demasiado bueno como para tener culpa; demasiado listo como para perder.

La lluvia en la que estalló el cielo nos llevó a su casa. Me ofreció su mano de amiga, una cena, toallas y ropa seca. Me vi desnudo en su cuarto de baño, igual que cuando despertaba a su lado, jurando no quererla, después de haber pasado la noche anterior amándonos. Los recuerdos, y ese algo que habita en mí, y tanto odio, me llevaron a salir del baño en su busca. Fui directo al salón, donde ella estaba, y busqué su abrazo. Dentro de su abrazo, sus labios, y en sus labios, sus besos. Pronto, nos encontramos los dos desnudos y enmarañados en el suelo del salón. Haciendo el amor en su más estricto sentido: temblando.

Poco después de haber terminado, me levanté, fui al baño y me vestí. Tenía prisa por salir de allí; quería huir. En mi camino hacia la puerta, entré en el salón; la encontré de pie ante mí, desnuda, y clavándome la mirada en los ojos. Aún con el sabor agridulce de mi semen en la comisura de sus labios, y, quizá movida por ese sabor a derrota, me dijo: “cualquier otra chica, se habría sentido utilizada”.

Sin contestarla, salí apresurado. Con paso acelerado, caminé sin rumbo por calles que tú me juraste que eran nuestras. Sólo quería sentirme tan miserable como tú culpable. Por eso lo hice. Nunca pude soportar un final siendo inocente.

Lo peor de todo, fue darme cuenta de que no sentía nada; ni tan siquiera naúseas.


play: "los crímenes de la calle gondomar", de Deneuve

martes, abril 18, 2006

el egoista

Y, por primera vez entre aquellas cuatro paredes, sintió miedo al acercarse a tus labios. Temblaba, igual que temblaría un adolescente ante tus muslos desnudos y cerrados, asustado y curioso.

Fue entonces cuando tus labios repitieron aquellas palabras que habían hecho que el miedo, después de tanto tiempo, volviera a visitarle:

Sólo hay dos tipos de hombre; el que ama a una persona, y daría la vida por ella, y el que sólo ama a su polla…tú eres de los segundos, por eso, nunca has sido fiel.

Después de eso, ya no fue capaz de besarte.

Al salir de tu piso, en el ascensor, en su huida, se miró en el espejo y vio a un tipo sin palabra, sin honra, con un traje de Armani y un Porsche Carrera; con un puesto y con miedo. Vio un niño avergonzado de cuarenta años, humillado por una mujer de veintiuno.

Fue directo a su casa, conduciendo rápido, entre los coches y sus naúseas. Empezaba a sentir asco de sí mismo. Al llegar, ojeroso y cansado, buscó refugio en su cama, en el regazo de su esposa. Follaron; y, al acabar, se dio cuenta de que tenías razón. Sólo logró dormirse cuando su entrepierna dejó de palpitar.

sábado, abril 15, 2006

animales

Tú deambulabas entre bares de moda, perdida en danzas, robando besos ajenos. Yo, cargado de orgullo, seducía a viejas amistades pues, en el fondo, somos la misma clase de animal; sólo nos diferencia mi cinismo.

Al final de la noche, tu culpa sabía a desilusión, a besos inocentes, cerveza y gominolas; la mía, a esperma sobre una piel libre de pecado.

Como alguien ya dijo, somos la misma clase de animal; sólo nos diferencia tu hipocresía.


play:"comernos", de Piratas

viernes, abril 07, 2006

tranvías

En unas horas me iré, por unos días, quizá una semana, quizá más, no lo sé, a perderme entre tranvías buscando que queda de mí en la ciudad del oeste, en el país de al lado.

Cuidar de Pinchos en mi ausencia, jugar todos los días un poco con él, sólo tendreis que clikarle tres veces para q salte y ruede echo una bolita.

Cuidaros mucho tod@s.

Volveré cargado de nuevas historias, de fotos, quizá de canciones, volveré siendo distinto, y siendo el mismo, porque tú me lo pediste, y porque a tí nunca he sido capaz (ni seré) de decirte que no.

play: "mi erizo", de Parade, que es la favorita de Pinchos (cuidarle mucho, que es la primerza vez que se queda solo)

martes, abril 04, 2006

la exactitud del ingeniero (para Pros)

Me abrazaste a traición el día que te salvé la vida, y volviste a hacerlo la noche que estuve a punto de ahogar la mía. Sin saberlo, te confesé todos mis miedos, y me tendiste la mano, sin querer quizá, o quizá queriendo, igual que aquella vez, cuando me diste el último empujón para poder rozar aquel cielo de rosa con mis labios.

Con los tiempos marcados, quizá sin saberlo, te llegaste a hacer con mi manual de instrucciones, y, sin estar, me ayudaste a decidir que voy a vivir.

Anoche, cambiaste el sabor del agua de mis párpados, de nuevo en el momento exacto.

Gracias, amigo.