jueves, septiembre 28, 2006

sobreviviré

Me olvidé de olvidarte, y los dos sabemos que no se olvida sin querer.

No he vuelto a amar de verdad desde que te conocí; no sé por qué, ya no tiemblo al sentir otra piel, pero me siguen chocando las rodillas al releer todo lo que me escribiste, o al mirar al sur.

A veces, juego a haberlo superado y regalo mis palabras bonitas a otras, pero al cerrar los ojos sigo viendo tu lunar de actriz.

Quizá sea imposible vivir sin ti (aunque nunca te haya tenido), pero, a veces, desearía mentir, decir que ya no te quiero y probar a sobrevivir…

Quizá sea hora de aceptar que las cosas cambian, y que la distancia ni se salva, ni nos salva.

Algún día, quizá pronto, te miraré con ojos nuevos y sonreiré (sobreviviré).

miércoles, septiembre 13, 2006

fin

Quedó con ella por internet, en un café del centro. Él la invitó a un descafeinado, ella a ir a su casa. Aceptó sin pararse a pensar que ni tan siquiera sabía su nombre.

Salieron de aquel café, dirección a aquella casa. Él, a su lado, se dejaba llevar por sus indicaciones, que entrecortaban silencias y aquella especie de charla insulsa sobre los edificios que los rodeaban, los coches que pasaban o los semáforos.

Al cruzar la puerta de su casa, se comportaron como animales asustados, buscándose la piel. Pronto se apagó la pasión para dar lugar a los movimientos aprendidos en otros cuerpos, calculados, milimétricos, asépticos.

Salió de allí después de aquello, pues nadie llamaría amor a lo que hicieron bajo las sábanas con las luces apagadas. Desubicado en las calles de su propia ciudad, le llevó un rato encontrar el camino adecuado.

Ya de vuelta a casa, vio tus llamadas. Tú te ahogabas y buscabas su mano para salir a flote, pero él ya había tocado fondo. Por eso, cuando entró en el dormitorio, y se tumbó a tu lado, te hiciste la dormida. El aire que le envolvía olía a otro perfume, y a derrota.

viernes, septiembre 08, 2006

charlas en la cocina

Te escucho. Escucho cada una de las cosas que me cuentas. Esas cosas que a veces te preocupan, y a veces no, esas cosas que a veces son triviales, y a veces importantes. Esas cosas que, a lo mejor, en una semana han cambiado, o se te han olvidado, o, simplemente no las recuerdas tal como fueron.

Escucho todas y cada una de tus historias; de tus mentiras. Porque si no lo hiciera, si te descubriera, o te dejara de creer, aunque sea a medias, dejarías de hablar, y cada, semana, cuando paso a verte por tu casa, y nos tomamos un té sentados a la mesa de tu cocina, estarías en silencio, con la mirada perdida entre las baldosas del suelo, los azulejos de la pared, o el techo. Sin nada que contar. Más o menos, como yo hago, pero eso es porque yo (ya) no (te) miento.



gracias a los que llevais 2 años y 2 días pasando por aquí