miércoles, julio 25, 2007

mi enfermedad

El médico me ha prohibido salir cuando el sol brilla, pasear por calles repletas de árboles, pisar el césped, coger flores, bailar bajo la lluvia, correr, y, aún así, llegar tarde; volver a casa cantando sea la hora que sea, regalar abrazos, preguntar a las desconocidas si conseguirían enamorarme; pasear por tu calle cuando estoy triste, llorar sin miedo a que me vean, ilusionarme, y, sobre todo, soñar.

Dice que, así, me curaré, que dejaré de ser un niño.

miércoles, julio 11, 2007

mi escondite

Mi escondite tiene paredes de ruido y forma de abrazo.

Mi escondite huele a tierra mojada y la lluvia lo visita de vez en cuando.

En mi escondite el sol se escondite tras las hojas de los olmos, agujereando las sombras, para que pueda jugar a coger sus rayos.

En mi escondite los sueños se columpian en las nubes cuando hay luna llena.

En mi escondite, puedo volar cuando nacen hadas, cuando te ríes, allá donde estés.

A veces, mi escondite es una patria, y su himno es una nana distinta cada 17 minutos; y tiene un rey, si me siento importante, o un emperador, si me siento especial; o, incluso, un presidente, si me pongo serio. Pero siempre hay una principita, aunque esté exiliada en el sur.

En mi escondite, las estrellas se bañan desnudas, a veces en el río, otras en la playa.

En mi escondite los aeropuertos tienen grandes alfombras rojas donde aterrizan mariposas, y los taxistas llevan a los viajeros en patinetes.

En mi escondite casi siempre es otoño, aunque la primavera llegue de vez en cuando, con las visitas de la principita; y otras, venga el invierno, de la mano de una pequeña esquimal con bufanda de rayas, que, hay quien dice, que es la principita camuflada. Pero, hoy, es verano.

En mi escondite, todos los dormitorios son abuhardillados, y se pueden ver a los sueños bajarse de las estrellas para pasear por los tejados.

Mi escondite es tan grande como un mundo sin desertización, sin hambre ni guerra, ni agujeros en la atmósfera; sin envidias ni prisas, donde nadie puede tirar piedras, porque las piedras tienen un corazón tan grande que puede pesar mil kilos, y los fusiles sólo disparan gominolas, y los tanques sólo apuntan al cielo para lanzar fuegos artificiales. Y todas las enfermedades se curan con caramelos de menta, y todas las heridas, con tiritas. Y no hay infecciones, porque las bacterias decidieron que es mejor hacer vinos y quesos.

Ojalá mi escondite fuera tan grande como para que cupiésemos todos, pero, disculpar las molestias, aún estamos ampliando.